sábado, 27 de diciembre de 2008

DICIEMBRE


A las siete de la tarde, un viento sale todos los días desde el Aconcagua a refrescar las calurosas tardes ocoínas. Mientras eso no sucede, la dureza del sol se deja caer implacable sobre el valle, seco y calador.

En esos momentos de la tarde, la arboleda de Rabuco es un verdadero oasis. Su espigado recorrido se convierte en un crisol de luces y sombras, de verdes y amarillos, de frescores y rayos solares. Y ahí, entonces, se advierte todo el valor de la gran "alameda": todos vuelven de sus trabajos por ese sendero de temperatura alivianada por los grandes plátanos y la berma del camino se vuelve aparcadero ideal para refrescar el cuerpo con unas cervezas bien conversadas. Todos transitan por ahí, pasan hacia abajo o hacia el Badén, entonces es también un lugar de encuentro y contacto social. De saludos y de vistazos.

En diciembre, la arboleda es nuestra alameda de las delicias.

lunes, 15 de diciembre de 2008

FRUTILLAS



La niña ve mucha televisión y las llama fresas. El niño aún no habla muy bien y balbucea algo como a ininah. Ellos están en los campos de frutilla. Frutillas de Ocoa. Aún son pocos, pero van en aumento, entre tanto viñedo, invernadero de plantas y predios de palta. Siempre han habido, pero esporádicos: la familia de por aquí, los Olguín por allá, los nosecuánto por acá.

Las frutillas de los Olguín fueron, son, para mi gusto, de antología. No necesariamente gigantes como a veces las producen hoy, pero eternamente dulces y jugosas, ideales para el buen borgoño veraniego. Hay otras de mayor porte pero de menos dulzor. Algunas de tímido rosado, otras de intenso y furioso rojo. Unas deshechas por la madurez indómita, otras de carne más endurecida por el rigor de la tierra.

¿Dónde está la crema para estas fresas ocoínas? ¡Échele frutillita / al borgoñita! En el bufé, el domingo, después del partido, de seguro ese vino con frutilla será saboreado por los parroqueanos de siempre. ¡Larga vida a las frutillas!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

NOVIEMBRE

Los ocoínos le llaman "la alameda de Rabuco", a pesar de que no está hecha de álamos, sino de plátanos orientales. Es, junto a la medialuna, el orgullo de todo el ex fundo Rabuco, por su extensión (más de cuatro kilómetros) y por su belleza. Es, sin dudas, la columna verde de la tierra de Independiente.

En noviembre se ve verde y frondosa, aunque las fogatas locales a veces queman más de algún tronco. Algunos tratan de instalar una campaña de cierta concientización estético-ecológica para que la gente no queme las hojas secas ni bote basuras, pero sospecho que para más de algún campesino de parcela aledaña todo esa conciencia no le vale de mucho: la sombra le impide sembrar con normalidad en un buen radio en torno a la arboleda, y el cuidado exagerado de ciertos espacios dentro de Ocoa, en desmedro de otros, más bien responde al hecho de que ahora somos muy visitados por los santiaguinos ABC1 que llegan hasta el resort ecologista "Oasis de La Campana", y claro, a veces los de extranja creen hablar más con Pachamama que los mismos campesinos.

La arboleda es, así, un símbolo que vehiculiza ciertas contradicciones y tensiones dentro de las visiones ocoínas actuales: modernidad algo invasiva, de éticas concientes pero ajenas, versus inmovilismo reaccionario de estéticas de lo tradicional propio muy conservadoras y poco representativas.

Pero ahí está la bella arboleda, apacible a las 3 de la tarde, verde, sombría, eternamente fresca y amable, indiferente aún a las especulaciones estratégicas. Ya se viene el verano y de seguro nos cobijará alegre y dichosa cuando con los amigos de Rabuco nos vayamos, a esta misma hora, a tomar una cerveza y a escuchar sus buenas cumbias y sus buenos bob marley, acompañados, por supuesto, de sus buenos guate. Siempre verde... ¡así te queremos!

domingo, 7 de diciembre de 2008

REINALDITO



Siempre nos cruzábamos en los caminos de Ocoa. Creo que nunca conversamos, pero siempre hubo un saludo amistoso a la distancia, al encontrarnos en direcciones opuestas en la arboleda o en la Villa Prat o en el Barrio Alto de Rabuco. Una sonrisa y una levantada de mano. Un amigo en el camino.

Hace cinco años lo mataron. Fue un asesinato cruel, frío, despiadado. La naturaleza humana traicionó el control, la mesura, la paz del colega asesino y movido por la envidia y los celos laborales lo dejó agonizando con un balazo en el pecho, tirado ahí, al lado de la quebrada, camino al espinal.



Entonces los caminos quedaron vacíos. Nunca más la sonrisa amistosa. Nunca más la levantada de mano. El compañero del camino había sido sacado de la ruta por la bala rabiosa y voraz del desgraciado asesino.



Desde entonces suelo visitar su animita, allá, camino al espinal, justo antes del cruce de la quebrá. No está su camión tres cuarto en las calles de Ocoa, pero voy a conversarle para que siga siendo la vieja compañía rutera de siempre. Para que mientras voy por las carreteras y por los pasajes siga cruzándose conmigo y con su sonrisa y levantada de mano vuelva alegre mi manejada.



Cuando manejo por las calles de Ocoa, Reinaldito me acompaña y asegura que mis viajes sean amenos, llenos de música, de viento en la cara, de conversas piolas y de vistas hermosas. Cómo no llevarle su velita. Como no ir a conversarle cualquier cosa de vez en cuando. Reinaldito, una más de las presencias ocoínas, es mi ángel en los caminos.