
Ahí vivía, lo recuerdo bien. Ahí al ladito vivía también mi abuelo Segundo Nicanor con la tía Rosa y mis tías-primas bien chicas. Esos cuartos fueron cuartos de juegos para mí.
Y ahí, por ahí, vivía el Chapulín. Chico, feo, había nacido viejo, probablemente por el alto grado de alcoholismo que tenía, medio curco, siempre sonriente. Creo que nunca le entendí bien qué es lo que hablaba, pero supongo que desde mi inocencia infantil siempre lo vi con algo de miedo y distancia.
El Chapulín era un personaje, cómo no, más de los bares de la Villa Prat que de otra parte. Supongo que trabajaba para el fundo, o que al menos recibía algún tipo de sueldo o ayuda de ellos para poder revolver la olla... La situación debe haber sido una constante en los viejos tiempos del latifundio católico. Mucho hombre alcohólico, ya con deterioro cognitivo y físico, trabajando a veces por las semanas, viviendo un poco en los márgenes de las sociedades inquilinas, profundamente solitarios y melancólicos, sin nadie, solo con su vaso de vino, recibiendo la indulgencia del señor Zegger o del señor Guzmán Montt o del señor Paz Concha.

El tiempo pasó... el abuelo ya no vivió más por allá... nadie vivió más por allá, solo él. Con los noventa, el centro de la vida maitenina se trasladó definitamente a la calle principal y la calle Las Rosas quedó solo como una suma de parcelas y de casas semi abandonadas. Pero supongo que el Chapulín siguió ahí, en esos cuartitos oscuros, ahumados y húmedos. Tengo recuerdos que muchos años después lo vi caminando borracho desde la Villa Prat hacia adentro y me intentó conversar algo que no le entendí o que no le quise entender. Su soledad, supongo, lo hacía moverse por caminos extraños. Pero de pronto ya no se vio más. Y nadie lo recordó ni nadie sintió la necesidad de recordarlo. Creo que alguna vez escuché que andaba por algún fundo de la sexta región. Quizás lo soñé. Por ahí también lo nombraron en alguna sesión de recuerdos de la Estrella de Ocoa... pero quizás era otro Chapulín.

Se fue. Simplemente ya no estuvo más. El cuarto quedó vació, húmedo, ahumado. El patrón ahora sí ya lo podía usar de bodega.
No hay comentarios:
Publicar un comentario